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XXIV. La exteriorización de la fuerza (fa jin)

 

105. Exteriorización y unidad
106. Especialidad y campo energético
107. Indicaciones prácticas

 

Siempre me han llamado la atención las sacudidas de piernas y brazos que los bebés realizan espontáneamente antes de alzarse sobre sus dos piernas, durante los primeros meses de su vida. Observarlas nos pone sobre la pista de esta actividad que los sistemas de lucha han conservado como parte central de su entrenamiento.

En el bebé, se trata de un impulso vital en rápida expansión. Para la visión del adulto, es como si las piernas y los brazos funcionan como látigos que tocan –cada vez un poco más lejos– los límites que el cuerpo en crecimiento fuera reconociendo. Como si estos límites no tuvieran que ver sólo con el contacto del cuerpo con el suelo o los brazos que lo toman y transportan, con los objetos que comienza a explorar y manipular, con lo que lo acaricia o golpea. Desde un interior autónomo, como ameba pulsátil, el cuerpo se expande en sacudidas que empujan el espacio exterior, los límites que impone la propia dimensión. Como si en cada sacudida, el bebé se apropiara de un nuevo espacio, lo hiciera suyo en cada contacto.

Como decía, esta observación ha resultado para mí una pista segura para entender y trabajar adecuadamente con el fa jin: el aspecto del entrenamiento en que nos concentramos en la exteriorización de la energía que, en su aspecto más primario y elemental, es la fuerza física (454).

Esta reducción a la “fuerza física” se encuentra con la resistencia de los que aman las sutilezas, sobre todo cuando nos referimos al qi. Pero es preferible traducir, comenzar por lo obvio, lo prosaico y hasta grosero, si queremos tocar también lo más sutil y refinado. Es muy habitual en los círculos de practicantes de taichi el desprecio por la fuerza explícita, por “esos golpes para los que se entrenan desde la potencia física los boxeadores o karatekas”, por recurrir al tópico. Al mismo tiempo, los maestros no se cortan a la hora de hacer exhibiciones de su fa jin desplazando con un pequeño gesto una gran masa, o derribando –incluso sin contacto físico– a un oponente más fuerte. La consecuencia de este desprecio es que la mayoría de estos practicantes desconocen el mismo fundamento del fa jin, por mucho que fantaseen con el poder fantástico de la energía.

De un golpe bruto, como de maza, a un latigazo casi invisible que coloca en un pequeño punto de contacto una gran cantidad de energía cinética, hay una diferencia de grado que se puede recorrer o no. Obviamente, las técnicas para lograr lo uno o lo otro, son distintas, y su progresión, algo que implica consideraciones técnicas y energéticas, en el sentido que hemos dado a este último término anteriormente. Aquí trataremos otra vez de los fundamentos, las condiciones e indicaciones para comprender y dar los primeros pasos una dirección adecuada.

 

105. Exteriorización y unidad

Entender fuerza como tensión, y confundir la cantidad con calidad son los primeros obstáculos con los que nos encontramos. Aun a riesgo de hacerse daño, todo el mundo trata de golpear tan fuerte como le es posible cuando tiene un saco delante, y el trabajo de un instructor no sólo es proteger a los alumnos de esos posibles golpes a sí mismos, sino poner siempre énfasis en los aspectos –en este caso mucho más evidentes y accesibles que cuando se trabaja sin contacto– de lo que significa un buen apoyo para empujar o golpear, la necesidad de la tensión justa y la relajación consiguiente, los cierres y las aperturas físicas –posturales, articulares, musculares– que hay que realizar para mejorar los impactos, etc.

Como en el resto de las cuestiones, no nos interesa y, por lo tanto, nunca nos referimos a la cantidad de fuerza, sino al estudio de su naturaleza, su expresión o exteriorización, y al eco que esto crea en nosotros y en nuestro entorno. En nuestro entrenamiento, vamos complementando un trabajo que hacemos solos con distintas posturas y movimientos, con la aplicación de dichas posturas y movimientos en contacto con algo que los recibe: un cuerpo inerte absorbente (un saco o un escudo que alguien porta) o, directamente, un compañero (455). De esta manera, lo que exteriorizamos tiene un efecto del que nos podemos ir haciendo cargo para matizar nuestra forma de dar y recibir. En un sentido amplio, la práctica de todas las técnicas marciales es una práctica de fa jin pero, de forma más restringida, nos referimos a él cuando exploramos en los aspectos más externos, el potencial explosivo de las técnicas y el contacto con los límites de su expresión. El fa jin es uno de los aspectos que caracterizan la práctica del tai chi chuan como una modalidad de trabajo corporal y, a la vez, como una modalidad de trabajo con la energía o qi gong. Se trata, desde la primera clase del primer día, de buscar y explorar con el momento explosivo del ciclo taichi con el que caracterizamos nuestro entrenamiento (456).

Tenemos que entender que el primer desafío que se nos presenta en cualquier intento de exteriorización de fuerza es el de la actualización de una capacidad natural: el paso de la relajación atenta a la concentración/focalización de la misma en un gesto explosivo, que nos lleve de vuelta a la relajación. En el intento de reproducir esta capacidad de cualquier animal, nos encontramos con la evidencia de que somos seres fragmentados, y esta fragmentación se expresa cuando tratamos de movernos eficazmente. Eficacia no significa aquí tanto la realización de la acción que hemos proyectado antes mentalmente, sino la economía de un movimiento que es, en cierto sentido pre-mental. Es evidente que nuestro cuerpo está diseñado para responder con el mínimo gasto energético a este paso de la relajación a la tensión. La dificultad o imposibilidad de realizarlo expresará que algo que no es estrictamente corporal lo dificulta o impide (457).

Estamos, por tanto, ante un trabajo que nos coloca una vez más ante nuestro grado de fragmentación/unidad expresada corporalmente. Como todos tenemos partes de nuestro cuerpo sobrecargadas de tensión o de tono insuficiente, casi nunca claramente reconocidas, este es un trabajo que permite un camino de regreso a esta realidad fundamental, así como una posibilidad de recuperar tales habilidades naturales.

La diferencia de potencial que se realiza entre los dos extremos (relajación y explosión) funciona como una bomba energética que permite soltar sobrecargas que es inevitable acumular de forma física, en un entorno inofensivo que estimula y protege tal expresión (458). Este aligeramiento es, a la vez, un recurso que utilizaremos para poner luz en nuestra dificultades y buscar un mejor nivel de equilibrio. Tenemos pues distintas tareas que vamos cumpliendo progresivamente según se desarrollan las sesiones de entrenamiento: la ubicación en un espacio vital que hallamos en buena medida deshabitado, con gestos explosivos llevados a su máxima expresión natural, tanto al aire como en contacto. Al mismo tiempo, vamos reconociendo unos gestos que incorporamos a un lenguaje como palabras y frases de un nuevo idioma, el lenguaje marcial, que es propio de cualquier sistema de lucha como el tai chi chuan. Nos queda, por último, considerar lo que esta particular manera de “tocar el espacio” pueda implicar.

 

106. Espacialidad y campo energético

En el intento de expresión física que comentamos, entramos en un segundo aspecto destacable del fa jin: la exploración espacial. En primer lugar, se trata de un espacio externo –el suelo que nos sostiene, el punto al que queremos que llegue nuestro impacto, etc.–. Pero inmediatamente, éste se evidencia como reflejo de nuestro espacio interior. El encadenamiento de las posiciones de las piernas, la cadera, la espalda, los hombros o los brazos, y la búsqueda de gestos simples y eficaces para los distintos objetivos –un golpe de codo o puño, un rodillazo o una patada con el pie–, nos pone en contacto con los espacios internos que ellos reflejan. Así, desde los movimientos más sencillos, comienza la primera exploración de la dualidad básica dentro/fuera (459).

Por otro lado, esta exploración nos permite tomar contacto con un campo energético que no es sino el reflejo del espacio vital extendiéndose más allá de nuestra piel, nuestro contorno físico. Como ya hemos apuntado, aunque la idea de campo se asocia habitualmente al desarrollo de una sensibilidad especial, se trata de algo que entra en nuestro nivel más fundamental, común a la sensibilidad animal: cualquier reptil, ave o mamífero percibe su campo y se mueve en los campos que el resto de seres vivos o inanimados construyen y liberan. La exploración de las diversas cualidades de tales campos –tanto hacia el interior como en su exteriorización–, está presente en las tradiciones humanas más antiguas, y son parte del descubrimiento que cualquier trabajo corporal de enfoque energético nos depara.

 

107. Indicaciones prácticas

Como hemos señalado en capítulos anteriores (460), en el ser humano, el descenso es la dirección de la maduración psico-biológica en lo referente a nuestra relación con el exterior: la boca y los telerreceptores (ojos y oídos) son los primeros órganos de contacto en resultar funcionales para un bebé, y la madurez de los órganos genitales lo que marca el fin de su desarrollo biológico. En cuanto a la motricidad, no cabe duda que recorremos un camino ascendente, desde el medio líquido del útero hasta la bipedestación, reconstruyendo en algunos meses todas las fases del desarrollo filogenético animal.

El primero de los aspectos –el descenso–, marca también las distintas etapas del desarrollo del yo y de sus sistemas defensivos con una cualidad que no debemos ignorar: como son los sistemas neuromusculares funcionales en cada momento del desarrollo los que pueden defendernos de una agresión, es a través de ellos como construimos nuestro anclaje corporal/energético en el mundo, tanto como lugar de contacto satisfactorio como de potencial amenaza. Un intenso miedo sufrido en las primeras semanas de vida no tiene el mismo efecto que el vivido meses más tarde, cuando el bebé ha madurado en la diferenciación entre su cuerpo físico y su entorno. Las tensiones crónicas o bloqueos energéticos creados como recurso defensivo en esta primera época se fijarán en las zonas funcionales de esta etapa, alrededor de los dos primeros segmentos corporales –una primera banda que recorre la cabeza a la altura de los ojos-oídos, y una segunda que rodea la boca y la nuca–, y no tendrán la naturaleza ni la función de un bloqueo más tardío que surja, por ejemplo en etapas de diferenciación lingüística o edípica, y se asiente en segmentos del abdomen.

Además de este tipo de lectura fundamental, cuando se trata de “trabajar con el cuerpo”, no debemos olvidar la interrelación de los distintos segmentos corporales, de manera que la energía que falta, por ejemplo, en la pelvis está siendo “secuestrada” por segmentos superiores, el diafragma o el pecho, por ejemplo. Y que los niveles inferiores se nutren de la “liberación” energética de los superiores. El bloqueo, la tensión, la torpeza o la falta de gracia motriz están enraizados en este proceso descendente y lo reflejan, con toda su profundidad e incidencia (461).

En el fa jin pretendemos la exteriorización de la energía en su expresión más elemental, como fuerza física, pero el conocimiento de la naturaleza de lo que dificulta o impide tal exteriorización nos hace comprender que toda dificultad de realizar un gesto unificado y simple en esta dirección obedece a una dificultad en el descenso. Como es natural, esta dificultad se reproduce en todo el resto de los aspectos del entrenamiento, desde una postura inmóvil a un trabajo de contacto, por lo que es comprensible la insistencia de todos los maestros en la relajación de las tensiones y la acomodación natural a postura y movimiento antes de pretender alguna progresión (462).

No entraremos en describir las técnicas específicas con las que comenzamos y proseguimos con este trabajo, disponibles todas ellas en las variadas escuelas y estilos de lucha y en los acercamientos serios al tai chi chuan. Sólo acabaremos apuntando algunos criterios metodológicos que no conviene olvidar entre los que comienzan:

  • Sabiendo que las dificultades son estructurales (de descenso), no forzar este proceso, manteniéndonos atentos a la naturaleza de la dificultad en cada practicante.

  • Utilizar el suelo como punto de partida para el trabajo: desplazarse por el suelo en todas las posibles direcciones, incorporarse a posiciones sentadas o a gatas, y desarrollar desde ahí las técnicas de brazo y pierna. Esto permite una conciencia de la construcción de la postura y del movimiento no viciada por las costumbres de pie. El suelo será siempre un aliado para volver a él para complementar una gran variedad de trabajos (desde el zhan zhuang gong a la lucha en este medio).

  • Considerar el diagrama postural (463) desde el suelo y al trabajar los desplazamientos de pie. En las primeras fases, lo circular se vivirá como más fácilmente expansivo, mientras lo lineal (antero-posterior, ante todo) más propenso a la explosión.

  • Considerar lo energético como nexo del sentimiento a la acción y de ésta de nuevo al sentimiento.

  • Ir introduciendo los criterios dinámicos (464) progresivamente comenzando primero con un contracción dominante abdominal que trabaje distintos ritmos y la adecuada ubicación postural (desde la compresión a la fluidez, de la ligereza a la explosión...). La ondulación puede introducirse casi desde el principio como ejercicio preparatorio o complementario en distintas partes de una sesión (desde la entrada al qi gong en la fase de mayor interiorización), pero habrá de ser descubierta como impulso y expresión del movimiento natural en la medida en que avance la práctica. La espiral, aunque se practique en ejercicios, requiere la incorporación de elementos pasivos dentro de una alta intensidad, impensable en las primeras fases.

  • Introducir la idea de “carga” y “descarga” con técnicas simples de ataque y defensa en combinaciones también simples que se irán haciendo progresivamente más complejas, hasta llegar a practicar algunas de las secuencias que se ejecutan en las formas con fa jin. Es evidente que un golpe de puño es más fácil de sentir para un principiante que uno de mano abierta, y que ese puño al principio deberá cerrarse en contracción antes de entrar en la sutileza del “puño vacío”, etc.

Quizá sea necesario anotar por último, que estas técnicas poco tienen que ver con las que se practican como forma de vehiculizar una catarsis emocional a través del cuerpo. Una explosión emocional que lleva a una persona a abandonarse al grito, el llano, el pataleo, etc. también son exteriorización, pero no fa jin en el sentido estricto en el que lo tratamos aquí. Que un ajustado trabajo de fa jin reporte una descarga con implicaciones emocionales no significa que ése sea en centro del trabajo en tai chi chuan. Aunque puede producirse un efecto colateral catártico tras un trabajo así y habrá de ser orientado, como cualquier otra catarsis, a la integración de la apertura emocional que se haya dado. En el marco del ciclo taichi, las fases de expansión y quietud ofrecen el marco para que la movilización más inconsciente que se haya producido en las fases de carga y explosión pueda canalizarse hacia los bordes de la conciencia.

 


NOTAS

(454)Jin, en chino, tiene dos significados principales. El primero es fuerte, muscular, que no cede y generalmente se refiere al poder que generan los objetos inanimados. Jin gong es, por ejemplo, un poderoso arco, jin feng, viento poderoso. A menudo se confunden jin y li; li sería la fuerza muscular expresada externamente. Usando el ejemplo del arco, cuando tensamos la cuerda sentimos su jin pero al disparar, ese jin se exteriorizaen el li de la flecha. Li sería algo explícito que se muestra externamente, mientras jin es más potencial, implícito e interno.

El segundo significado es qi-li que se refiere a los músculos que son mantenidos por el qi. La mera fuerza muscular sería li, pero cuando usamos la concentración de la mente (yi) para conducir los músculos a alguna acción, el qi acudirá a la zona de concentración y los activará. Es esto lo que consideramos jin. En nuestro entrenamiento enfatizamos esta concentración y es éste segundo significado el que otorgaremos a jin” (Yang, Jwing-Ming, Advanced Yang style Tai Chi Chuan, vol. 1, YMAA 1989). Como de costumbre en los términos utilizados para el entrenamiento tradicional, existe una carga de matices que nos permiten, con sus analogías, abrir nuestra visión que tiende a ser más restringida. Es lo que, por otro lado, justifica el mantenimiento de tal terminología original.

(455) El fa jin en contacto será tratado en el siguiente tema.

(456) Ver el tema IX. Qué es una sesión de tai chi chuan en la página 137 ss. y en particular, el capítulo 36. Carga y explosión, la fase yang (pág. 141).

(457) Otra manera de decirlo sería que la habilidad reptiliana es mediatizada por las cualidades límbicas y corticales. Es un tema sobre el que ya hemos hablado en el área 1, VI. Cuerpo e Identidad (pág. 75 y ss.), así como en el área 2, tema XVII. Las leyes de traducción cuerpo-emoción-mente (pág. 249 ss.).

(458) A diferencia de los entornos sociales donde el grito o la expresión física extrema son inadecuados o simplemente inoportunos.

(459) Recordemos la relevancia de esta dualidad, a la que nos referimos también en el capítulo 89. Tercera analogía: “La Gran Circulación” u “Órbita Macrocósmica” (pág. 288 ss.)

(460) Este tema está desarrollado con mayor amplitud en los capítulos 18 al 20 del área 1 (pág. 80 y ss.).

(461) Esta traducción de las tensiones o bloqueos corporales en relación con la estructuración de la identidad es previa a cualquier consideración sobre trabajo con la energía. Por eso será útil comparar las consideraciones que hacíamos en los capítulos relativos a este tema (desde el interior del área 2 y, en particular, XIX. Las tres analogías –pág. 277 ss.– y, en particular, las polaridades fundamentales con las que trabajamos –arriba/abajo y dentro/fuera–, que coinciden con los aspectos que estamos destacando aquí). Los peligros para el equilibrio de los practicantes de los que se habla en algunos manuales, si ciertas prácticas no se realizan con una supervisión competente, se refieren más a la complejidad del proceso madurativo descendente, cuando éste no se ha producido sin fijaciones traumáticas, que a los procesos ascendentes o de “transformación” propiamente dichos. Pero, sin entrar en estos aspectos, una cierta comprensión y consideración intuitiva y documentada del proceso de maduración humana es fundamental para gestionar cualquier experimento de centramiento y ampliación de los límites perceptivos, como es el caso del trabajo que comentamos.

(462) Aunque en otros lugares hemos “traducido” las instrucciones de relajación como un desplazamiento del trabajo de la musculatura superficial a la más profunda o tónica, la lectura energética que proponemos (en el sentido del proceso de maduración psico-biológica) es mucho más instructiva y útil si queremos superar una visión mitificada de la “fuerza interna/jin” de los expertos. Cuando ellos proponen “relaja” y “continúa practicando”, nos colocan a menudo frente a un callejón sin salida, si no somos capaces de una lectura en los términos propuestos en lo que “energético” significa no sólo “más depurado” sino, sobre todo, abierto a las conexiones psíquicas de lo sensitivo.

(463) Ver tema XII, pág. 165 ss.

(464) Ver tema XI, pág. 159 ss.

 

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