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XI. La fase de carga y los cuatros modelos dinámicos

 

44. El primer modelo: la contracción/distensión
45. El segundo modelo: la rotación
46. El tercer modelo: la ondulación
47. El cuarto modelo: la espiral
48. Antes de continuar

 

Si en los ejercicios iniciales y el trabajo con las articulaciones de la entrada hemos insistido en un sentido descendente, la carga y la tonificación implican una idea de operatividad funcional del conjunto del cuerpo, de unidad, de ascenso. La sensación de carga fragmentada se percibe y se expresa como tensión o bloqueo, mientras que la carga unificada se vive como tono, vivacidad y capacidad de contacto. En el lenguaje analógico del wu xing (la polaridad expresada en un ciclo de cinco fases), decimos que la cualidad de tierra, el enraizamiento, el asentamiento, es el primer centro de atención o de trabajo: la energía que desciende y encuentra su raíz para distribuirse, modularse, expresarse hacia arriba y hacia el exterior en el resto de las cualidades: agua, madera, fuego o metal.

Se puede decir que el grueso de técnicas y sistemas de entrenamiento del tai chi chuan implican este ascenso, o funcionan como marcos en los que tratar de optimizar el efecto de una buena distribución de energía ascendente(186). Así que, tomando las cuatro fases del ciclo, sólo el inicio de la primera sería descendente para que, a partir de los ejercicios de tonificación y carga de la entrada, se exteriorice el ascenso.

Es la aplicación sensata de este principio lo que hace que esta primera parte se convierta en el grueso del programa de trabajo para muchos, quizá la mayoría de practicantes. Cuando se habla normalmente de una práctica dirigida a la salud, se quiere decir esto, aunque el uso de técnicas diseñadas para el ascenso (léase una forma o una postura inmóvil de pie o sentados) para este trabajo que tiene que poner énfasis en la relajación, el desbloqueo, los apoyos del peso del cuerpo, el anclaje de la atención en lo físico o postural (esto es, todo lo referente al descenso de la energía), pueda llegar a producir cierto desconcierto que, con frecuencia, es pretende ser compensado por las fantásticas promesas de maestros o instructores.

También hay que considerar que todo esto es cierto como esquema teórico o como tendencia, ya que la dialéctica ascenso/descenso no deja de estar presente en cada momento y fase del ciclo (en cada momento de la vida, podríamos decir, en respirar, dormir o caminar). De hecho, tenemos que comprender que la condición para un buen ascenso (distribución, expresión o exteriorización) será siempre el descenso previo y constante, siendo fundamental comprender las señales (sensaciones y estados emocionales o mentales) indicadoras de cuándo hay que detener o fomentar una u otra tendencia (187).

Dicho esto, disponemos de una gran variedad de ejercicios de tonificación y carga que van desde el automasaje en los distintos recorridos superficiales y puntos de tonificación de los principales canales energéticos, hasta la permanencia en posiciones inmóviles, pasando por muchas series de ejercicios dinámicos. Pero lo más importante es su aplicación en el diseño de una sesión en función de la persona o el grupo específicos. Para ello deberemos considerar el grado de sensibilidad con el que contamos para incorporar unas técnicas u otras. Lo que para un practicante experimentado es adecuado (por ejemplo, quedarse inmóvil en una postura durante unos minutos para comenzar una sesión), será completamente contraindicado para otro (de hecho para la mayoría de los que comienzan). Por eso, y ante cualquier duda, es conveniente seguir el proceso del ciclo que venimos formulando de una manera estricta.

Son ya ejercicios de tonificación y carga los aeróbicos como la carrera o cualquier ejercicio dinámico realizado en el suelo que requiera un buen trabajo de la musculatura abdominal (para cambiar de postura, proyectar las piernas o incorporarse, por ejemplo). Estos ejercicios habrán de referirse siempre al cinturón abdominal como lugar en que recogemos y liberamos la tensión muscular soportándose en las piernas y proyectándose por la espalda hasta los brazos. Y es aquí donde nos encontramos con el primer mapa o guía general para orientarnos en el proceso de incorporación de dificultad de las técnicas asociadas al entrenamiento del tai chi chuan, lo que hemos llamado los cuatro modelos dinámicos.

Estos modelos dinámicos representan cuatro planos que progresan de lo más simple a lo más complejo en la forma en que se produce tanto los aspectos de ascenso, exteriorización y expresión, como la exigencia de complejidad en las técnicas que nos propone la práctica.

 

44. Primer modelo: la contracción/distensión

Este es el primer nivel, como el primer piso de un edificio que vamos a ir levantando. Un músculo tonificado es aquél que puede contraerse y distenderse sin dificultad. Cada músculo está integrado en una cadena muscular, articular, etc. y ésta, situada en un nivel funcional (188). En nuestro trabajo preparatorio, tendremos en cuenta muy particularmente las zonas que vamos a utilizar más adelante, sabiendo reconocer los límites de cada situación particular. Como ocurre con la flexibilización, el trabajo con un grupo muscular debe ir relacionándose con otros y, en seguida, con la unidad de todo el cuerpo. En este sentido, la flexibilización y tonificación del cinturón abdominal como centro motriz es el soporte de todo el resto (no sólo como centro del movimiento, también como ajustador de la postura, la respiración o el contacto).

Sentir que todo el cuerpo participa en una única contracción que converge alrededor del cinturón abdominal sin que tal contracción provoque bloqueos o tensiones parasitarias en otra zona muscular es una de las primeras experiencias de todo practicante que intenta golpear con fuerza al aire o a un saco inerte, empujar una pared o soportar una presión física con todo el cuerpo.

Sobre este primer modelo se soporta el siguiente, ya que el cuerpo no es un resorte que trabaja en una sola dirección.

 

45. Segundo modelo: la rotación

En la posición vertical, la rotación permite un trabajo asimétrico en los dos lados del cuerpo, un trabajo de lateralidad. En el cinturón abdominal, nos permite el giro dentro de la contracción/distensión y, desde ahí, la movilidad en los distintos planos horizontales.

En un primer nivel de entrenamiento, contracción/distensión y rotación son los dos criterios dominantes, unidos a la progresiva preparación corporal, el conocimiento de las técnicas y la familiarización con el ritmo y el ambiente de trabajo individual y de contacto. Insisto en que, entre el resto de sensaciones, debería destacarse en esta primera fase una clara percepción de una mayor sensibilización, tono y plasticidad del cinturón abdominal, desde el apoyo de las piernas, sobre el que emerge nuestra vivencia de solidez, enraizamiento y movilidad corporal. Con ello pondremos las bases para un trabajo más sutil y profundo. Ondulación y espiral pertenecen a este segundo nivel de percepción de nuestro estar en el cuerpo en movimiento.

 

46. Tercer modelo: la ondulación

Es el tercer piso de nuestro edificio. Si la contracción/distensión y la rotación permiten crear un eje vertical y los planos horizontales, la ondulación aporta la transmisión y continuidad a través de todos los planos y ejes. De otra manera, podríamos explicar la ondulación como la contracción/distensión encadenadas, de manera que la tensión/relajación de un músculo o grupo muscular no dificulta sino que facilita la transmisión del movimiento y la energía en el conjunto del sistema. Nuestra columna vertebral es una serpiente que ondula en cada gesto y, desde un punto de vista motriz, el cuerpo humano es, ante todo, la serpiente que se ha incorporado(189).

El trabajo con ejercicios de ondulación permiten tomar un contacto más sutil con la forma en que se produce esta transmisión con todo lo que ello implica, desde la flexibilización de las articulaciones hasta la exploración en la expresión de la fuerza que llega a las extremidades.

 

47. Cuarto modelo: la espiral

Incorporamos aquí la rotación al movimiento ondulatorio. En el taichi se pone especial énfasis en sutiles movimientos rotatorios de cada una de las articulaciones y, en particular, en las de las extremidades. Estos sutiles movimientos y su maestría añadida a una gran experiencia en la percepción de las rupturas o vacíos del movimiento del adversario, está en el fondo de las “proezas” de personas con poco peso o fuerza muscular que son capaces de repeler agresiones de otros mucho más fuertes o pesados que ellos.

Hacer rotar las articulaciones hacia dentro o hacia fuera permite un efecto de bombeo –en ascenso– que, combinado con el manejo del flujo respiratorio, hará posible economizar enormemente la energía utilizada y una gran sensibilidad para la escucha y el intercambio. Entramos aquí en los niveles más sutiles del trabajo, pero que pueden ser entrenados también autónomamente en la medida en que vamos progresando y sensibilizándonos a estos aspectos.

 

48. Antes de continuar

Los cuatro modelos dinámicos aquí presentados son naturales y obedecen a la motricidad espontánea de cualquier ser humano. La cuestión es que esa motricidad se ve gravemente alterada por nuestra también natural complejidad. Insisto en que cualquier forma de entrenamiento corporal (y también cualquier adiestramiento emocional o cognitivo) está diseñada en función de unos previos implícita o explícitamente reconocidos. Sería suficiente reconocer la consideración y el cuidado con que un sistema considera estos cuatro modelos para concluir hasta qué punto es ajustado o no al desarrollo de nuestra potencialidad motriz. Quedarse en los dos primeros modelos con la justificación de que la fuerza que podemos desarrollar en un solo golpe es superior a la que ejerce la mejor de las ondulaciones (el efecto de un mazazo frente al de un látigo) es algo que ocurre en muchos sistemas marciales. Estos sistemas han sido considerados lógicamente como externos por esa simple razón.

En el otro extremo, nos encontramos con quien, ante la comprensión de que los modelos de ondulación y espiral son “superiores” por más sutiles, desdeñan cualquier trabajo “físico” y terminan imaginando una sutileza que nunca estará a su alcance por la falta de encarnadura de su pretensión. En realidad, el paso de los dos primeros modelos a los de ondulación y espiral representa algo que no es fácilmente accesible: requiere dedicación, buenas condiciones físicas –quizá innatas– o cierto nivel de integración de los planos psíquicos. Hay que reconocer por eso la cordura de quienes, al proponer ejercicios diseñados para profundizar en estos dos modelos dinámicos superiores, insistan ante todo en la necesidad de relajar –el descenso–. Es una manera de apuntar hacia lo que algunos posturalistas han descrito como la necesaria relajación de la musculatura periférica. La tradición china insiste en ello no sólo cuando tomamos una postura inmóvil, también nos lleva a ir acrecentando la sensibilidad en movimiento poniendo énfasis en que será la musculatura profunda –tónica– la que lo soporte y dirija. Es a través de esta sensibilidad como trabajan unos sistemas que dejando de lado lo muscular/periférico pretenden actuar desde los ligamentos –fascias– e, incluso, desde los mismos huesos.

Solo me queda insistir otra vez en el carácter esquemático de esta presentación. La ventaja de un aprendizaje intuitivo (que, insisto, se vale de analogías, imágenes y percepciones globales) es que no necesita de antemano de análisis de esta naturaleza. Pero un esquema como éste (lo mismo que algunos otros que presentaremos a continuación), puede servir de mapa para saber cuándo un aparente atajo no es el mejor camino, o la cumbre que hemos deseado ascender no es el lugar más interesante para construir nuestra casa.

Si consideramos además que la posibilidad de acceder a fuentes de aprendizaje directas es cada vez más problemático, el análisis podrá ahorrarnos algunas frustraciones.

 


NOTAS

(186) Volveremos sobre ello cada vez que desde el interior vayamos tratando de sus distintas materias: el fa jin, las formas, el contacto marcial, el qi gong, etc.

(187) El capítulo 87. Segunda analogía: “La Pequeña Circulación” u “Orbita Microcósmica” trata precisamente de este tema (pág. 283 ss.).

(188) En este sentido, no pueden ser tratados de la misma manera los músculos del cuello que los de la pelvis, o la musculatura de la espalda a la altura del plexo cardíaco –el corazón–, el plexo solar –el estómago– o la zona sacro-lumbar. La funcionalidad de los distintos anillos es claramente distinta, y no tanto por los órganos internos a los que afecta, sino por su relación con los planos psíquicos o emocionales, relacionados en los casos que he enumerado con la garganta y la expresión verbal, el pecho y la comunicación afectiva, y la pelvis y la genitalidad.

(189) De esto mismo hemos hablado ya al considerar el carácter fásico de la musculatura periférica. Pero insisto en que esto que en lo motriz se explica como el paso de reptil a bípedo, representa no sólo la evolución de millones de años, sino la emergencia de tantos planos de conciencia que cualquier reducción del ser humano a su motricidad física, lo mismo que cualquier intento de resolver sus conflictos existenciales desde ahí, representa ceguera o insensatez.

 

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