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Excurso 2: Acupuntura y Psicología.
Hacia una nueva aproximación de la psicosomática ,
de Yves Requena

 

· Acupuntura
· Psicología y psicosomática, Occidente y Oriente
· La ley del embudo o «peor para la realidad»
· Conclusiones

 

Entre las decenas de libros en los que se propone una reunión entre propuestas, sistemas o visiones orientales –léase antiguas, “milenarias” o “tradicionales”–, y otras occidentales –normalmente explicadas desde “los últimos descubrimientos científicos”…–, he elegido éste del Dr. Yves Requena (380). Entre los motivos que me han llevado a ello está que en su primera lectura, hace casi veinte años, su discurso me resultaba seductor y estimulante. Me estaba familiarizando con la terminología de la medicina china y, entre todo lo que encontraba, me volcaba sobre todo con lo que se atrevía a traducir aquellos términos en planteamientos netamente occidentales. Además, acababa de conocer a su autor que, a la sazón, se dedicaba a divulgar el qi gong como su último y definitivo hallazgo en relación a su indagación en las técnicas chinas (381). En fin, y como último motivo –y ésta es quizá la principal razón para su elección– el violento contraste que he percibido al releerlo ahora, en relación a aquella primera lectura. Y es que esto me hace pensar en la distancia entre aquello que en un momento me resultaba “seductor y estimulante”, y en el lugar al que me ha ido conduciendo la experiencia y la reflexión hasta la actualidad. Finalmente, éste es un libro en el que están presentes los temas tratados en el conjunto del área 2: la historia de la medicina occidental y, en particular, la de la psicología y la psicosomática, así como la actualidad y la función que la medicina china pueda tener entre nosotros.

 

Acupuntura

Parece que el hecho de llamar acupuntura a todas las referencias sobre medicina china fue algo puntual ya superado. Hoy todo el mundo habla de “Medicina China” (o “Medicina Tradicional China”) para referirse a estas cuestiones. El libro presenta la acupuntura como un sistema terapéutico basado en “la circulación de la energía por los meridianos”. Esta circulación es explicada simultáneamente como un sistema electromagnético, cósmico y psicosomático. En cuanto al primero,

“… existen en acupuntura doce funciones orgánicas relacionadas entre sí. Estas relaciones son estudiadas separadamente, órgano por órgano, en medicina occidental. En acupuntura, aparecen ligadas cada una a un meridiano principal que circula por la superficie cutánea. Por otra parte, también existe una relación exterior-interior que conecta el meridiano y su víscera… El modelo electrónico nos permite entrever que en este circuito circula un flujo… [Como en un transmisor de radio] los órganos son el sintonizador, el regulador del volumen, de la tonalidad, los electores de ondas cortas, medias o largas… Cuando el aparato de radio está en buen estado, la música se retransmite adecuadamente… es la buena salud. Si se advierte un trastorno en el circuito, hay un desarreglo de la totalidad… que es la enfermedad funcional”.

En cuanto al “modelo cósmico”, se refiere a todas la influencias externas (condiciones climáticas, ritmo circadiano, lunar, estacional, etc.). En el “psicosomático”,

“… las causas psíquicas tienen un interés capital. Pueden entrañar por sí mismas la desorganización de todo el sistema energético de los meridanos y provocar perturbaciones múltiples. Los chinos han clasificado las grandes tendencias del comportamiento… a la cólera y al arrebato, al exceso de alegría o de emociones, al exceso de preocupación o de reflexión, a la tristeza y al repliegue, al temor y al miedo o a su opuesto, el exceso de autoridad… El estudio del psiquismo en acupuntura, va todavía más lejos, con la noción de alma vegetativa o shen”.

Refiriéndose al corazón como centro y destilador de las emanaciones psíquicas del resto de los órganos, explica:

“… la cualidad energética de este centro, de la misma naturaleza que la de los meridianos, permite explicar por otra parte por qué un número importante de puntos de acupuntura de la región cardiaca llevan nombres psíquicos: “vías del espíritu”, “alma”, “bloqueo espiritual”, “ruina del alma”, “monumento de la espiritualidad”, “centro coloreado”, etc.

La presentación de la acupuntura concluye así:

“La fisiología china es fisioenergética, estudia los fenómenos del flujo energético que operan en una anatomía inmaterial. Estos circuitos anatómicos se pueden superponer en parte a los metabolismos bioquímicos de las funciones orgánicas. Pero esta superposición no implica una identidad total entre los fenómenos bioquímicos y los energéticos… El cerebro ocupa también un lugar importante en los procesos psíquicos en acupuntura. Pero antes que él está el corazón como centro energético, distinto del órgano y superponible sólo parcialmente al él… Los meridianos serían de algún modo el nexo de unión entre lo físico y lo psíquico. Comprendiendo esto, podemos ver ahora que la acupuntura es una medicina real y profundamente psicosomática (la actividad psíquica no está separada de la actividad orgánica, ésta última sostenida a su vez por la energía de los meridianos). Representa de hecho uno de los primeros modelos psicosomáticos y a la vez uno de los más perfeccionados que el hombre haya imaginado”.

 

Psicología y psicosomática, Occidente y Oriente

A partir de este punto, el libro –y mi propio interés– se centra en este “modelo psicosomático”. Para ello realiza una breve introducción (382) de lo que la psicología ha dado de sí en Occidente:

“En el moderno discurso occidental en psicología… se pueden separar netamente la psicología objetiva, de reacción, de comportamiento; y la psicología subjetiva de introspección”. “En la psicología subjetiva, la psicología de las profundidades, ocupa un importante lugar, con la psicología analítica de Jung y el psicoanálisis de Freud, las escuelas post-freudianas de Lacan, Adler… polos de variado interés como la psicología comparada, la sicopatología y las psicología experimentales y cuantitativas que trabajan con tests sicométricos y psicotécnicos. En nuestro trabajo, nos interesa la psicología objetiva, la que estudia el comportamiento y, especialmente, la que ha intentado clasificar los comportamientos y describir tests especiales a este efecto”.

El resto de las páginas dedicadas a “la psicología occidental” son las 22 que ocupan la explicación del sistema de temperamentos de Gaston Berger (383), con test incluido. En él se establecen tres variables: la emotividad, la actividad y la resonancia (“una respuesta es directa o inmediata, o bien diferida o indirecta”), dando dos posibilidades a cada variable (emotivo-no emotivo, activo-no activo, primario-secundario). De todas sus posibles combinaciones, resultan los ocho famosos temperamentos: “colérico”, “nervioso”, “pasional”, “sentimental”, “sanguíneo”, “amorfo”, “flemático” y “apático”.

Lo siguiente será adaptar estos ocho temperamentos a las cinco constituciones chinas que se deducen de los cinco movimientos/elementos (madera, fuego, metal, agua y tierra). El problema de que 5 y 8 no se superponen bien, lo resuelve Requena con el sistema de los “12 meridianos principales” de acupuntura. Estos meridianos suelen reunirse de dos en dos, resultando las 6 energías. Estas 6 energías se ajustan mejor a los 8 temperamentos, asignando a las 4 primeras un temperamento a cada una, y a las 2 últimas, 2 (uno yin y otro yang). La fusión Oriente-Occidente de la “nueva psicosomática” acaba de producirse (384).

Prácticamente el total del resto de las páginas del libro (168, más de la mitad del total) se dedicarán a dar los detalles y aplicaciones que se derivan de esta fusión “tanto para el profano como para el psicólogo y el médico acupuntor”(385).

 

La ley del embudo o “peor para la realidad”

No hace falta ser muy exigente para sentirse pasmado ante la falta de rigor y el atrevimiento de tales afirmaciones. No sólo aplica la ley del embudo a la psicología occidental reduciéndola a un test de revista de peluquería, sino que se atreve a afirmar que su fusión abarca incluso a la “psicología de las profundidades”: “las contradicciones son sólo aparentes” nos viene a decir; “si sois capaces de una visión abarcadora hasta lo más contradictorio puede reunirse”(386).

¿Y qué decir de los sistemas chinos? Si aplicando la misma ley del embudo, finalmente nos aparecen sólo tres combinaciones (fuego-agua, madera-fuego y tierra-metal), quedando fuera otras tan comunes como agua-metal o tierra-fuego, qué le vamos a hacer. No dudo que habrá alguna explicación para ello y, si no, aplicaremos el viejo dicho: si la realidad no se ajusta a mis opiniones, peor para la realidad.

 

Conclusiones

Todo esto no merecería la atención que le estamos dedicando si no me apareciese como una muestra –quizá grotesca en sus pretensiones de solvencia– de la tendencia a utilizar los datos a que tenemos acceso para elevarlos a la categoría de “sistema”. Algo que ocurre en todos los ámbitos del “conocimiento”, ha pasado a ser distintivo de nuestros intentos de “fusión Oriente-Occidente”.

Lo más característico de estos intentos es el uso indiscriminado de analogías o sistemas analógicos para sacar conclusiones oportunistas y, en los casos extremos, para llegar a las formas más burdas de distorsión que, en personas mínimamente inteligentes, sólo encuentran explicación en sus propósitos comerciales.

Ya hemos comentado que todo sistema analógico se caracteriza por su holismo, su capacidad de englobar y abarcar. Todos los sistemas “tradicionales” (que con rigor habría que llamar “míticos”), tienen esta cualidad. Los cinco elementos chinos, los cuatro griegos, las doce casas de la astrología o los nueve eneatipos –la lista sería interminable–, comparten esta cualidad. En cuanto que son elaboradas metáforas que abarcan todo lo manifiesto, siempre se pueden superponer de alguna manera. El sistema de temperamentos de Berger es también un sistema analógico, por lo que comparte esta característica. Los problemas surgen cuando se pretende dar un cariz “científico” a estos sistemas, recurriendo a sofisticar sus derivaciones o aplicar principios estadísticos a sus aplicaciones (387). Requena es maestro en el desparpajo con que usa una gran cantidad de información anatómico-fisiológica con esta función. El problema surge de que cuanto más forzada es la pretensión, más se huye del establecimiento de categorías que permitan ordenar todo ese material.

Cuando de los sistemas analógicos se derivan aplicaciones tecnológicas (y ahí reside la admirable eficacia de muchas artes tradicionales), las categorías se establecen en el contacto con la realidad a la que debían aplicarse. Esto será posible en un marco en el que la transmisión de un saber sea directa, y el maestro determine el flujo de la transmisión de sus conocimientos en función de la comprensión del aprendiz (lo que se aplica igualmente a un oficio manual, a las artes de curación o los sistemas de lucha). Sacados fuera de tales contextos, sus aplicaciones se diluyen y pierden cualquier operatividad(388). La mirada moderna, al introducir de forma mucho más rigurosa el análisis y el establecimiento de categorías, ha permitido sustituir los antiguos sistemas analógicos por otros en los que el rigor científico se soporta y trata de ser tomado como criterio directriz.

La forma en que los charlatanes contemporáneos elaboran sus teorías y aplicaciones, pretendiendo “la superación de las limitaciones de lo antiguo y lo moderno”, suele venir arropada de una característica común: su horror a las categorías y al análisis encubierto con el uso indiscriminado de un lenguaje “científico” más o menos actualizado (referencias a la física cuántica o los últimos avances en otras teorías –con la certeza de que sus oyentes o lectores sabrán aún menos que ellos de las mismas–; gran despliegue de datos anatómico-fisiológicos y, muy en particular, de los últimos términos en endocrinología, neurología o genética, si se trata de hablar de enfermedad o de medicina).

Hay, por fin, un abuso de las referencias al principio de la polaridad que ha terminado mistificándose como “el principio del yin-yang, un producto del genio del pensamiento chino y de su visión relativista de las cosas”, en palabras del autor que comentamos. Sin embargo, este principio no es ningún “producto del pensamiento chino”, sino el que rige toda manifestación cuando ésta debe ser comprendida o expresada (es por tanto “la analogía matriz” con la que funciona el pensamiento de cualquier ser humano). Lo que algunos chinos han hecho, ha sido explicar la sutileza con la que este principio se refleja y aplica en infinidad de ámbitos y niveles de realidad, y recurrir a él para mostrar el carácter paradójico y limitado de una explicación cuando ha de ser aplicada a una situación particularmente compleja. Justo lo contrario del generoso uso que actualmente se le otorga en algunos ambientes, convertida en el comodín de los que carecen de otra explicación para sus ocurrencias.

Cuando alguien realiza un despliegue como el que comentamos, lo hace encubriendo una situación insosteniblemente contradictoria: por un lado nos viene a decir que toda la psicosomática que pretendamos ya está inventada, y perfectamente vigente en la tradición (389). Pero, al mismo tiempo, se pretende que su síntesis es nueva y superadora de todas las anteriores visiones limitadas (390).

El resultado, sin embargo, no es nada superador, sino un subproducto apto quizá para ocupar los estantes de autoayuda de las librerías. Ese género cuya cualidad consiste en ofrecerlo todo (“la felicidad” es su última acepción), sin que cueste más que las monedas del manual (391).

 


NOTAS

(380) Fue publicado en castellano en 1984 por Las Mil y Una ediciones (original francés por Ed. Maloine. Existe una edición de 2004 en castellano por Ed. Dilema).

(381) Fui el organizador de la primera promoción de la formación del Instituto Europio de Qi Gong en España, y su representante en la segunda, hasta desligarme completamente en 1994.

(382) Contrastan las apenas 9 páginas empleadas en su presentación frente a las 74 utilizadas para la acupuntura.

(383)) Filósofo francés (1896-1960) especializado en la fenomenología de Husserl, y en la caracterología que le hizo popular.

(384) Al colérico (emotivo, activo, primario), le corresponde Shao Yang (vesícula biliar/madera y triple calentador/fuego); al nervioso (emotivo, no activo primario), el Jue Yin (también madera y fuego, esta vez hígado y maestro del corazón/pericardio). Al apasionado (emotivo, activo, secundario), el Tai Yang (vejiga/agua e intestino delgado/fuego); al sentimental (emotivo, no-activo y secundario), el Shao Yin (también agua y fuego, riñón y corazón). Hasta aquí los 4 primeros temperamentos. A continuación, al Yang Ming (intestino grueso/metal y estómago/tierra) le asignaremos el sanguíneo (no emotivo, activo y primario), y el flemático (no emotivo, activo, secundario); mientras que al Tai Yin (también tierra y metal, pulmón y bazo), el apático (no emotivo, no activo secundario) y el amorfo (no emotivo, no activo primario). Hay que recordar que lo fundamental de la terminología de Berger proviene de la medicina humoral (ver nota 244, págs. 204-205).

(385) Quien quiera encontrar caracterizaciones al más puro estilo del horóscopo de las revistas del corazón no tiene más que leer estas páginas: “[Madera] tiene una debilidad natural del hígado, espaldas anchas, tez verdosa, ojos grandes a veces desorbitados, palma y dedos con profundas estrías, miopía precoz… De adultos, se encuentran fatigados por la mañana, tienen alergias a los alimentos y las picaduras de los mosquitos, y crisis articulares agudas. Aman a la primavera y temen al viento… Incluso si el sujeto se encuentra inflamado por su pasión, guarda una actitud fría, distante, de autoridad que depende del exceso del meridano de la vejiga… su aspecto general es rígido y esbelto, poco móvil sobre el cuello… esa cabeza altiva, su elegancia, su clase, parecen indicar que tiene una alta opinión de sí mismo, mirando fijamente con un aire de superioridad o condescendencia a su interlocutor… Se acuerda muy bien de su pasado emocional, su memoria intelectual es excelente y capacidad enorme de trabajo. Sueño malo y corto desde la juventud… Es un ambicioso que realiza… sufre celos intensos, excesivos, enfermizos, en ausencia de toda razón justificada” (Del temperamento Tai Yang-apasionado).

(386) Un ejemplo: “Las concepciones psicoanalíticas dan un sentido al síntoma, que sería un mensaje codificado del inconsciente… Freud habla de “complacencia” o de “tendencia somática”, refiriéndose a la elección que hace el psiquismo del órgano o de la función corporal para operar la conversión de su problemática sobre el cuerpo… Si se interroga al modelo acupuntural, se percibe que estas dos teorías opuestas de Alexander [que sostiene que las “neurosis vegetativas no son más que mecanismos neurofisiológicos de acompañamiento desprovistos de sentido: el síntoma psicosomático es idiota”] y Freud, lejos de destruirse, pueden conciliarse”.

(387) La pretendida “psicología científica” que se enseña en las universidades occidentales es un ejemplo elocuente de estos intentos: clasificaciones intuitivas y simples se cargan de sofisticación y se aplican a programas estadísticos con la pretensión de convertir lo subjetivo por naturaleza en algo medible por algún parámetro, luego objetivo, luego “científico”.

(388) Es por eso que ahora nos suenan a “cuento” tantas versiones analógicas. Simplemente, no estamos en contacto con su aplicación directa. ¿O es que pensamos que Paracelso no sería un buen médico porque aplicase una medicina pre-moderna cuyo soporte teórico fuera el sistema humoral?

(389) Por ejemplo: “Alexander, pionero de la psicosomática escribe: “los fenómenos psicológicos y somáticos se desarrollan en el mismo organismo, sólo son dos aspectos del mismo proceso”. Esta opinión no puede reflejar mejor la concepción de la psicosomática en acupuntura, tal y como se puede encontrar en los textos chinos antiguos. Alexander añade: “los objetos de los estudios psicológicos y fisiológicos, no difieren en su esencia, lo que les distingue es el punto de vista según el cual se les aborda”. Es posible decir que la actitud de los médicos acupuntores, desde el comienzo de la medicina china, nunca ha abordado estos fenómenos de otro modo”.

(390) “La acupuntura, medicina milenaria, propone un modelo electrónico, cósmico y psicosomático del ser humano. En este último modelo se establecen sin dificultad las relaciones entre esta medicina y la psicología comportamental, pero también con la psicología de las profundidades. Así mismo, se pueden elucidar los soportes biológicos y genéticos del carácter”.

(391) Tras la cándida ingenuidad con la que muchos consumen tales manuales se esconde con frecuencia el miedo a la confrontación que representa cualquier verdadera ayuda: algo que no se limite a las palmaditas consoladoras en el hombro sino al contraste que normalmente no somos capaces de auto-proporcionarnos y que nos proviene del otro. No es de extrañar que la obra que hemos comentado se desarrollase en otra publicada en 2000 (2001 por Ed. Robin Book en castellano) titulado Medicina China, guía para tu bienestar. La antigua sabiduría oriental de los cinco elementos aplicada a la vida diaria, Yves Requena y Marie Borrel. Los últimos libros publicados hasta la fecha por nuestro autor, dedicados ya al Qi Gong, han ajustado su título como es debido: La gimnasia de la gente feliz en Kairós, 2006, y Movimientos para la felicidad, Ed. Liebre de Marzo, 2007.

 

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